Este elenco artístico, según Decreto Supremo 25625del 2009 se constituye en Unidad Descentralizada, dependiente del Ministerio de Educación y viceministerio de Culturas. Sin embargo, su construcción para la sociedad boliviana ha sido un largo proceso cuyos actores han entrelazado esfuerzos entre la iniciativa gubernamental, el apoyo internacional y el compromiso de los músicos bolivianos.
La música académica es un lenguaje universal que en 1845 comienza sus presentaciones formales en Bolivia con el estreno del Himno Nacional de Leopoldo Benedetto Vincenti, seguido de esporádicas puestas en escena de Operas y Zarzuelas.
Recién en 1907 se crea el Conservatorio Nacional de Música, dirigido por Pietro Bruno; en su seno, bajo la dirección de José María Velasco Maidana, se inicia la Orquesta del Conservatorio Nacional de Música, la semilla de su género.
Erich Eisner, maestro al que se le encargó también la organización de la carrera de música de la Escuela Nacional de Maestros de Sucre, será comisionado por el gobierno boliviano en 1945 para la Conformación de la Orquesta Sinfónica Nacional. Ayudado por Antonio Montes Calderón, clarinetista y músico militar, hicieron una obra titánica, realizando arreglos, buscando músicos y transcribiéndolas partes a mano.
Se promocionaba la orquesta por todo el país y se llevaba la música académica de grandes compositores, incluyendo un fuerte impulso a la difusión de la música boliviana.
En esa dirección se fue la Orquesta, con la participación de bolivianos notables, aunque en sus inicios la mayoría fueron extranjeros que por diversas razones llegaban al país.
Al llegar a los años los 70, recién se pudieron contratar guías que den estabilidad al trabajo de la institución y que formen nuevos músicos en el Conservatorio.
Los directores que impulsaron la Orquesta fueron:
Erich Eisner, Jaime Mendoza Nava, Antonio Montes Calderón, Leonard Atherton, Gerald Brown, Rubén Vartañan, Carlos Rosso, Mario Perusso, Freddy Céspedes, Ramiro Soriano Arce, Freddy Terrazas, David Handel y Mauricio Otazo.
A sus 80 años, a pesar de contar con un elenco estable, y un teatro para sus presentaciones, la precariedad aún afecta a la Orquesta Sinfónica. El músico todavía no es remunerado al nivel de otras profesiones, aunque el aporte gubernamental sigue siendo el más importante. Por otro lado, no hay una normativa particular para la institución, como se tiene en cualquier otro país. Y el intento de adecuar su actividad a la Administración Pública está ocasionando pérdidas lamentables, no sólo impidiendo la contratación de músicos extranjeros, sino debilitando sus propios recursos humanos al no permitir el parentesco de sus miembros, y prescindir de ellos, a pesar de ser bien conocido que ese es un hecho que se presenta en diversas orquestas del mundo, no por conveniencia, probablemente todo lo contrario, sino porque la pasión por la música desborda al artista, y contagia a la familia como la misma historia lo demuestra. La Familia Bach, Strauss, Mozart y otros.
En este sentido cabe mencionar el aporte en estos 80 años de historia y de música de las familias: Parra, Oroza, Peñaranda, Molina, Peredo, Vargas, Céspedes, Gallardo, Pozadas, Bustamante, Asturizaga, Bravo, Ibañez entre otras. Generaciones que impulsaron la Orquesta.
Ocho décadas de historia que merecen reconocimiento y respeto a través de normas adecuadas que permitan su desenvolvimiento y crecimiento.






