La Reserva Privada Passiflora se ha convertido en un refugio natural de fauna silvestre. Ubicada en el municipio paceño de San Buenaventura, a unos 25 kilómetros de Rurrenabaque (Beni); este espacio de 400 hectáreas está en una zona de transición, entre el pie de monte andino y la llanura amazónica.
Las cifras que han arrojado los monitoreos con cámaras trampa, fotografías, observación directa y vocalizaciones muestran una alta biodiversidad conformada por aves, mamíferos pequeños y medianos, así como reptiles de gran tamaño.
Miguel Martínez, responsable de monitoreo de la reserva, cuenta a La Región que entre 1970 y 1980, el sitio fue explotado para extraer madera con fines comerciales. Actualmente, se encuentra en restauración natural y artificial mediante viveros forestales, agroforestería con cultivos como el cacao silvestre y asaí. También se ha convertido en un sitio de investigación científica y educación ambiental dirigida a comunidades indígenas y campesinas que la rodean.
Registrar para demostrar
El monitoreo en Passiflora comenzó cuando la reserva accedió a sus primeros terrenos, en 2023, con una superficie inicial de 42 hectáreas. Hasta febrero de este año, el listado de aves publicado en una revista científica registraba 307 especies, pero en los últimos meses, la cifra se elevó a 347.
Entre las especies documentadas figuran tres de las grandes águilas de Bolivia, del género Spizaetus: el águila crestada —también llamada arpía menor—, el águila de penacho, y el águila blanca y negra. Estas aves se alimentan de parabas, loros y, principalmente, de monos como el capuchino y el aullador, que requieren bosques de dosel alto y relativamente maduro. Según Martínez, la presencia y diversidad de estos animales indica un buen estado de conservación del bosque, aunque sus registros pueden ser ocasionales debido a que se desplazan entre distintas áreas.
Sorpresas para La Paz
Para el estudio de reptiles, anfibios y micromamíferos como marsupiales y roedores, en Passiflora se trabaja junto a investigadores externos. Este año se confirmó la presencia de dos especies de serpientes nunca antes registradas para el departamento de La Paz.
La primera es la anaconda del Beni — Eunectes beniensis—, considerada endémica de Bolivia y asociada hasta ahora en los Llanos de Mojos. Martínez asegura que el hallazgo amplía la distribución conocida de la especie y constituye el primer registro para el departamento de La Paz y para la Amazonia preandina.
Los resultados del registro serán publicados en septiembre una revista especializada del país, que ya notificó la aceptación del artículo.
La segunda especie corresponde a una serpiente coral, cuya presencia también fue documentada por primera vez en el departamento.
Los “ojos” que todo lo ven
Desde 2023, las cámaras trampa instaladas en lugares estratégicos también han permitido detectar mamíferos medianos y grandes. El listado suma hasta ahora 39 especies.
Entre los hallazgos destaca el del pejichi o armadillo gigante, del cual se tiene un monitoreo de dos años en una madriguera activa. El seguimiento permitió captar la vida de un macho y una hembra que tuvieron una cría en noviembre del año pasado. Se trata del primer registro confirmado de reproducción de la especie, documentado científicamente en Bolivia.
Un lugar amenazado
Passiflora protege una franja de bosque de unos 500 metros de ancho, flanqueada a ambos lados por propiedades dedicadas a la ganadería. En los últimos años, en la zona se registró una importante expansión de la frontera agrícola con fines de ganadería y el avance de monocultivos, en particular de caña de azúcar. También se identificó la siembra de soya como otra causa de cambio de uso de suelo.
En esta reserva privada, que es parte de Senda Verde, también hubo un intento por instalar una torre de alta tensión para un proyecto de tendido eléctrico. Para ello, se quiso abrir una franja de más de 30 metros de ancho a lo largo de unos 90 kilómetros, entre una subestación ubicada en San Buenaventura y la localidad de Ixiamas (norte de La Paz), atravesando bosque conservado, áreas de potrero y territorio comunitario de origen (TCO) del pueblo Tacana. Por el momento, tal intención ha quedado detenida, debido a los graves impactos ambientales que hubiera causado.
Y es que por su ubicación, unos cuatro kilómetros en línea recta del Parque Nacional Madidi, Passiflora es una especie de refugio de conservación, pese a su tamaño reducido en comparación con áreas protegidas de mayor extensión. Expertos como Martínez, creen que la reserva funciona como un corredor ecológico para el desplazamiento de fauna silvestre hacia zonas más conservadas, incluido el propio Madidi.
Por: La Región






