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miércoles, julio 29, 2026
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Vuelve La Ramona y su Cuestión de Fe

Tener una mala memoria puede ser, a veces, algo bueno. La trama de Cuestión de Fe puede ser resumida en fotografías sueltas: un cura ocurrente, un capo de la mafia muy religioso, un artesano católico que le habla a la virgen María, un adicto a las apuestas y una boda. Un recuerdo entrañable es la camioneta roja llamada Ramona y la tierra yungueña.

Cuando se estrenó la película de Marcos Loayza, las cintas nacionales vivían un gran auge y se avizoraban mejores vientos para el séptimo arte del país. Entre un abanico de grandes propuestas, Cuestión de Fe se mantiene como una opción que el paso del tiempo no puede borrar.

Es imposible olvidar la actuación de Jorge Ortiz, quizá en el mejor papel de su carrera. El “Sapo” Estívariz, el gánster católico interpretado por Toto Aparicio, es un personaje que calza a la perfección, como el cigarrillo al Ekeko. Y David Santalla se luce siendo el gran actor de siempre, pero con sotana.

La historia es un viaje real de la ciudad dura a la inocencia del pueblo, con la peligrosa carretera a los Yungas como telón de fondo.

Es el retrato de la maldad tomada con ironía y humor. Con Cuestión de Fe es imposible evocar solo imágenes; si las letras de esta nota pudieran bailar, seguro se moverían al ritmo de Coroiqueñita, un himno yungueño.

Con esta cinta, Marcos Loayza se ganó su lugar entre los grandes directores del cine boliviano. A la tradición de Jorge Sanjinés, Antonio Eguino, Paolo Agazzi y Juan Carlos Valdivia se suma una nueva generación de realizadores como Rodrigo Bellott, Álvaro Olmos, Kiro Russo, Carina Daroca, Álvaro Loayza y Vinko Tomicic, prueba de que el cine nacional sigue reinventándose.

Tras cumplirse 30 años de su estreno, la historia vuelve renovada a las salas de cine bolivianas. Esta vez llega restaurada en 4K, con mejoras notables en color y sonido. Quienes busquen un viaje inolvidable y se animen a subir a la camioneta La Ramona, tendrán la cinta disponible nuevamente desde el 6 de agosto.

Cuestión de Fe se consolida como una de las cintas preferidas del cine boliviano porque, con una historia sencilla, toca la sensibilidad de los espectadores amantes del ajayu paceño. Esta producción demuestra que hacer buen cine y arte en Bolivia es un tema de capacidad —que evidentemente existe—, pero también es, ante todo, una cuestión de fe.