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martes, septiembre 8, 2026
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Mentiras de mecha corta

Hernán Terrazas es periodista.

Si uno se atuviera a la primera versión del Gobierno y las Fuerzas Armadas sobre la tragedia que enlutó a Viacha el viernes pasado, a esta hora no se estaría lamentando la muerte de ocho personas, la desaparición de un número similar y las heridas, de diversa gravedad, que las explosiones provocaron en casi un centenar.

La mentira tiene mecha corta. Si la intención inicial fue minimizar el incidente, reduciéndolo a una especie de festival accidental de fuegos artificiales y sin daños personales, los autores de semejante disparate explicativo deberían también ser procesados por irresponsables y mentirosos.

El problema de fondo es que, ante cualquier situación crítica, este es un Gobierno que no administra ni resuelve la presión y que opta por la mentira como única salida.

Ya ocurrió antes, el 27 de febrero, cuando un avión Hércules de la Fuerza Aérea, que transportaba billetes para el Banco Central, se estrelló tras una fallida maniobra de aterrizaje.

El enredo informativo en el que quedó atrapado el Gobierno con seguridad no tiene antecedentes.

Minutos después del accidente y cuando centenares de personas buscaban entre los restos de la aeronave el dinero que, literalmente, les había caído del cielo, la primera explicación gubernamental fue que los billetes “no tenían valor legal”, que “no eran dinero todavía” y que su tenencia constituía “un delito”.

Como ninguna de las explicaciones inmediatas convenció a los que se llevaron y comenzaron a gastar los billetes que no eran dinero, pero que se parecían lo suficiente a los “reales” como para poder gastarlos, el Gobierno invalidó por 48 horas los billetes de 10, 20 y 50 de la famosa serie B. Es decir, anuló lo que hasta unas horas antes eran papeles sin valor.

Aquella mentira duró poco más de 24 horas, tiempo suficiente para que los que se llevaron 5 millones de billetes de distintas denominaciones se pusieran a buen recaudo junto a su inesperado “botín”.

Pero aquel evento no solo desnudó la falsedad de la argumentación oficial, sino también la falta de sensibilidad y solidaridad de un gobierno que, por ocuparse más de los billetes, apenas se refirió a las más de una veintena de personas, entre tripulantes y vecinos, que fallecieron en aquella tarde trágica muy cerca de Viacha.

De mentiras y videos también hay mucha cinta donde cortar, especialmente con el caso de Fernando Cerimedo, que tiene al Presidente y a su gobierno contra las cuerdas desde hace varias semanas y, según parece, con muy escasas posibilidades de salir bien librados de todo este asunto.Paz demoró varios días en referirse al tema. Lo habían hecho antes, con más temor que claridad, sus propios ministros, intentando reducir la participación del consultor argentino a la de un mero asesor externo, que trabajó primero en la campaña y que luego tuvo responsabilidades de no mucha relevancia en la comunicación gubernamental, aunque sin figurar en la nómina de ninguna dependencia pública.

El Presidente se ajustó al mismo guion. “El señor Cerimedo”, dijo, marcando de entrada una imposible distancia con quien había aparecido en distintos momentos de la campaña y la gestión en una estrecha relación con Paz y su familia. La version presidencial fue “destruida” por múltiples evidencias audiovisuales que confirmaron la presencia de Cerimedo “hasta en la sopa” oficial.

A Paz le costó más la mentira que la polémica presencia del “asesor presidencial”, al extremo que, en cosa de días, la aprobación de su gestión pasó de casi 50 % a poco más del 20 %, una caída inédita en la historia reciente, que no hace sino confirmar que la trama Beller-Cerimedo, posiblemente sea el mayor escándalo en 44 años de vida democrática y, por ello, un golpe casi definitivo sobre la ya frágil estabilidad del Gobierno.

Las mentiras de mecha corta no demoran en estallar y la onda expansiva se lleva lo que encuentra a su paso. La verdad puede ser dura y, a veces, trágica, pero siempre termina abriéndose paso. Y cuando un gobierno ha hecho de la mentira su refugio, cada verdad que aparece termina convirtiéndose en una explosión.