Con una amplia trayectoria, la pintora Nati Cañada continúa siendo un referente en el mundo del retrato, un arte que la ha llevado a captar la esencia de figuras clave de la cultura y la política mundial. Con una carrera que ha trascendido fronteras, Cañada no solo se ha destacado por su inconfundible estilo, sino también por su habilidad para transmitir la personalidad de sus modelos. Hace 30 años visitó por primera vez Bolivia donde su talento fue conocido poco a poco, logrando pintar a la fecha más de 500 retratos. El éxito de Nati en el país no sería posible sin la intervención de su amiga Yubinka Cronenbold, que hace de representante y divulgadora de su arte. Ella se encarga de buscar los futuros clientes, agendar las sesiones e incluso organizar exposiciones con la obra de Nati para que personas que no conocen su trabajo lo aprecien y se animen a retratarse con ella.
En Bolivia he pintado más de 500 retratos. Hay muchas personas que han empezado con uno y luego han terminado haciéndose como 20.
El legado de Nati Cañada incluye más de una decena de retratos oficiales de la familia real española. Entre los más emblemáticos se encuentran las imágenes que realizó al rey emérito Juan Carlos I, de quien hizo 17 retratos, y a la reina Sofía, a quien inmortalizó en múltiples ocasiones al igual que a sus hijos. Un momento destacado de su carrera fue el retrato que realizó a los reyes actuales, Felipe VI y Letizia, antes de su boda. La pieza, de 1,20 x 90 cm, muestra al rey con un traje azul y a la reina con un elegante vestido blanco, siguiendo la indicación de la propia Cañada para que la altura del monarca no eclipsara a la reina, un detalle que habla de su meticuloso cuidado por cada elemento de la composición.
“La gente se fía de mí”, dice refiriéndose a la confianza que grandes figuras como los reyes de España o el propio Michael Jackson han depositado en su talento. De estas y otras anécdotas que pueblan su amplia trayectoria nos habla en esta entrevista.
—¿Cómo fueron sus inicios en el arte?
Muy fácil porque mi papá era pintor. En mis tiempos cuando un niño o joven decía a sus padres que quería ser pintor lo tenía muy difícil. Por lo menos en España, pero como mi papá era pintor lo tenía más fácil. En principio, cuando salí bachiller mi padre me dijo: “tú serás medico”. El día antes de ir a la universidad a matricularme de medicina, me llamó y solemnemente me dijo: “no vayas a medicina porque tú serás pintora”. Yo estaba feliz, entonces me matriculé en Bellas Artes, en Madrid en la escuela de San Fernando.
—¿Cuál es su estilo al pintar?
Los críticos dicen que estoy dentro de un estilo que lo llaman realismo mágico, porque es real, pero tiene algo de misterioso, algo de magia. Así lo han calificado.
—¿Qué es lo que más les gusta a sus clientes de su trabajo ?
El retrato es el retratado y lo que pone el pintor de su parte. A la gente le gusta esa manera en la que veo a la persona. A mi me gusta pintar a la gente en su momento de paz de tal manera que se convierta en un retrato terapéutico, para cuando la persona esté enfadada o fastidiada, se mire en el retrato y quiera volver al estado que ve.
— Con su arte ha recorrido el mundo ¿En cuántos países ha estado pintando?
Yo he estado haciendo retratos a la vez en 11 países. Elijo Sudamérica porque me gusta sobre todo el resto del mundo. Así es que hecho retratos en Venezuela, Brasil, Paraguay, Guatemala, México y otros. Ahora que estoy mayor, he quitado países. Yo tomo una sesión de fotos y luego los pinto. El pintarlo no me cuesta ningún esfuerzo, porque tengo técnica, pero cuándo tú acabas de ver a una persona, el sacar ese ángulo que es más ella, más estético. Eso requiere un derroche de energía por mi parte.
—¿En qué casos se hace complicado retratar a una persona?
Te diría que cuanto más singular y más carácter tiene el personaje más fácil es el retrato. Y cuanto más anodino es el personaje, anodino no en tono peyorativo, sino que no es agresivo, ni dulce; ahí es más difícil para mí.
He pintado en muchos lugares, pero hoy elijo pintar en Sudamérica porque me gusta sobre todo el resto del mundo».
—¿Cómo fue la experiencia de retratar a Michel Jackson?
Es curioso, cuando yo supe que iba a pintar a Michael Jackson al poco tiempo dio un concierto en Madrid y fui a ver que me transmitía y sentí mucha energía, fuerza. Luego, cuando fui a Los Ángeles y le vi aparecer pensé: “esto no tiene nada que ver con lo que yo vi en escena”. Era un hombre frágil, que andaba despacito, hablaba muy suavecito, nada que ver con la imagen que mostraba en el escenario. Lo sentí como alguien fuera de este mundo, maravilloso y a la vez muy desgraciado, muy triste.
—¿Cómo ha sido su experiencia retratando en Bolivia, sobre todo Santa Cruz?
En Bolivia he pintado más de 500 retratos, gracias a la promoción de Yubinka. Tenemos muchos clientes que han empezado con un retrato y luego han terminado haciéndose 20. En muchos casos he pintado a los abuelos, a los hijos y he terminado pintando a los nietos.
Recuerdo que una vez volví con 40 retratos a Bolivia. En esa oportunidad Yubinka tuvo la idea de hacer una exposición en Los Tajibos que fue muy linda y a la que asistieron todos los retratados.
Cuando nacemos tenemos la cara que nos dieron nuestros padres. Cuando nos morimos tenemos la cara que nos merecemos.
—¿Cuánto cuesta hacerse un retrato con usted ?
Depende del tamaño. Aquí en Bolivia sois privilegiados porque los precios no tienen nada que ver. En España el más pequeñito es de 3.000 euros y el más caro llega hasta 100 mil euros. Aquí van desde 500 a 10 mil dólares. Con un retrato que pinte en España tengo todo lo que gano en Bolivia, pero la razón es que me divierte, me encanta estar con Yuvinka. En realidad, el precio de aquí es el más bajo de toda Sudamérica.
—¿Se considera una apasionada de su arte? ¿Ha pensado dejarlo?
Para mí es lo máximo, sino cómo se explica que a mi edad continúe haciéndolo y viajando. Se jubila todo el mundo, menos los artistas. Para qué me voy a jubilar si lo que más me divierte es mi trabajo.
Por: Economy






