Gary Rodríguez es economista y magíster en comercio internacional.
Después de 50 días de bloqueos de calles, caminos y carreteras, el gobierno boliviano decretó estado de excepción por conmoción interna para que las Fuerzas Armadas pudieran auxiliar a la Policía Boliviana, a fin de restablecer el orden y garantizar los derechos ciudadanos severamente afectados, entre ellos el libre tránsito, el derecho al trabajo, a la alimentación, a la salud y a la vida misma.
Es triste haber llegado a esto luego del desprecio a la oferta de diálogo del primer mandatario y del Órgano Ejecutivo por parte de malos dirigentes que utilizan como carne de cañón a los campesinos, indígenas y obreros.
Hace unos años escribí una columna donde sostenía que la “ignorancia” puede hacer más daño que la “maldad”, explicando que mientras la maldad tiene un límite y puede ser confrontada y castigada; la ignorancia masiva a partir del engaño y de las leyendas urbanas de activistas que se las dan de intelectuales y se esmeran en mantener la pobreza llevan a la toma de decisiones equivocadas y a creer que se lo está haciendo está bien. La ignorancia no tiene límite, es destructiva y puede hacer más daño que la maldad.
El no tener un conocimiento cabal de las cosas lleva a la gente inculta a actuar con prejuicios y a tomar decisiones desatinadas, tornándose muy peligrosa cuando la maldad se aprovecha de ello y en función de egoístas intereses: manipula a las masas no educadas e ideologizadas; se infiltra en la administración del Estado y frena el desarrollo de regiones ricas en recursos. De ahí que los bloqueos disfrazados de protesta terminan perjudicando a todos, menos a quienes los provocan. ¡Cómo me duele que Bolivia sea víctima de ello!
Pero ¿por qué tanto bloqueo? Porque se ha impuesto la perversa idea de que quien bloquea tiene poder; entonces, se bloqueo para forzar negociaciones, desgastar gobiernos, posicionar dirigentes y lograr cuotas de influencia, intereses políticos y corporativos.
Gracias a la permisividad de los gobernantes, el bloqueo pasó a ser un instrumento de presión y un negocio para unos pocos, brillando ahí con luz propia la Central Obrera Boliviana, sindicatos agrarios radicalizados y organizaciones ideologizadas que dependen de la movilización permanente para mantener su influencia, controlar a sus bases y hacer plata a partir de la pobreza.
Hay denuncias públicas, como la del senador Leonardo Roca, sobre el desvío de recursos de la cooperación internacional por parte de ciertas ONG para financiar su activismo y alimentar la confrontación en vez de luchar contra la pobreza. Es algo que se debe investigar y sancionar.
Lo doloroso es que quienes sufren bloqueando no son los dirigentes, sino la gente humilde que pasa días y noches a la intemperie, al extremo de que un fornido dirigente de los Ponchos Rojos acaba de ser cuestionado por ello públicamente por sus bases.
En ciertas regiones no bloquear implica sufrir multas, sanciones comunitarias, aislamiento social o represalias, dando cuenta de una auténtica dictadura sindical. Aunque también se sabe que hay quienes van al bloqueo por disciplina colectiva o por un viático que les cae bien. De ahí que los instigadores siempre sacan provecho de la necesidad e ignorancia de los más débiles.
Años atrás escribí que la pobreza de Bolivia se debe a la falta de educación, a egoístas intereses que se oponen a su progreso y a quienes desean mantenerla en las tinieblas. Hoy más que nunca me reafirmo en ello al haber confirmado que una cosa es la ignorancia y otra la maldad.
Ignorancia es que un campesino crea que bloqueando mejorará su situación cuando está destruyendo el futuro de sus propios hijos; maldad es saber que el bloqueo empobrece y aun así se lo promueve deliberadamente por razones políticas o mezquinos intereses. Ignorancia es creer que la empresa privada es mala, que la exportación beneficia a unos pocos y que la producción agrícola es una actividad extractivista; maldad es romantizar la pobreza, impedir el desarrollo y manipular a indígenas, obreros y campesinos haciéndolos funcionales a sus bastardos intereses.
Es por esta causa que se destruyen cadenas productivas, se incumplen contratos, se pierden mercados; sube el precio de los alimentos y medicamentos, cae la inversión, se deteriora la imagen del país, se vulneran los derechos fundamentales y hasta se pierden vidas. La solución no es fácil ni instantánea, pero hay que encararla.
Educar, integrar y crear oportunidades de empleo para que la gente se supere es inexcusable. La mejor política social es forjar ciudadanos libres que piensen por sí mismos y dejen de ser víctimas de la manipulación y el engaño, pero también sancionar conforme a ley a quienes insisten en abusar de la gente pobre e ignorante.
¡Basta de mentirosos y encantadores de serpientes! Bolivia no necesita más bloqueos, sino más trabajo, menos ignorancia y más educación, y que se entienda que ningún país progresa destruyendo a quienes solo quieren invertir, producir y crear oportunidades para todos los ciudadanos.
* La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición de Noticias a Sol y Sombra.






