Desde niño, René Manuel Suárez, mostró gran interés por la tecnología, por entender cómo funcionaban las cosas, desmontarlas y aprender sobre ellas. Esto lo llevó a explorar diversas áreas como el diseño en 3D y las simulaciones, hasta descubrir que su verdadera vocación estaba en la investigación y la creación de nuevas tecnologías.
Este interés lo motivó a elegir la carrera de Ingeniería Mecatrónica en la Escuela Militar de Ingeniería (EMI) de Bolivia. «Consideré otras opciones en el exterior, pero al final decidí quedarme y formarme en una institución con un enfoque sólido en ingeniería», explicó.
La idea de connocer otros países nunca salió de su cabeza. Con la meta clara de estudiar en el extranjero, comenzó a buscar oportunidades y becas. «Descubrí una universidad en Japón a través de una página de Facebook, y me puse a investigar los requisitos», relata.
El jóven talentoso admite que uno de sus sueños es regresar a Bolivia y abrir una academia dedicada a la enseñanza de mecatrónica y robótica.
El jóven talentoso admite que uno de sus sueños es regresar a Bolivia y abrir una academia dedicada a la enseñanza de mecatrónica y robótica.
El proceso no fue fácil. Entre los principales desafíos, explica Suárez, fue encontrar un tema de investigación relevante y un problema por resolver en un parea poco explorada, especialmente en Bolivia. “Tuve que estructurar una idea con una propuesta sólida que pudiera convencer a los revisores expertos de la Universidad”, añade, planteando un problema y su posible solución a través de la robótica.
Suárez logró ser aceptado en la maestría en Ingeniería de Sistemas Mecánicos y Eléctricos con una especialización en robótica de la Kyoto University of Advenced Science. Su investigación se centró en manipuladores blandos, diseñados para mejorar la seguridad en el agarre y manipulación de objetos, una tecnología con aplicaciones prometedoras en la medicina y la industria, logrando una beca al 100%.
Se trata de un sistema robótico de doble dirección que usa aire a presión, sin necesidad de sistemas complejos. “Se fabricó en silicona, probando fuerza y movimiento. Se armó una pinza con tres dedos que, montada en un brazo robótico, logró agarrar objetos como huevos y cajas de hasta 230 gramos y 18 centímetros, mostrando su utilidad en tareas delicadas como medicina y alimentos”, explicó Suárez.
Innovación en dispositivos médicos
Uno de los prototipos actuales de René.
Uno de los prototipos fabricados en materiales blandos de René.
Actualmente, Suárez está cursando un doctorado en la misma área, pero con un enfoque en dispositivos médicos. «Estoy desarrollando un endoscopio de materiales blandos que pueda navegar por el cuerpo de manera segura para el paciente», detalla. Esta tecnología podría representar un avance significativo en procedimientos médicos menos invasivos y más seguros.
Sobre el futuro de la robótica en la medicina, Suárez es optimista: «Si bien aún hay desafíos técnicos por superar, como la precisión y seguridad de estos dispositivos, la mayor barrera es el miedo de la sociedad a la automatización en el ámbito médico. Es un proceso de adaptación y confianza».
Adaptarse a la cultura japonesa no fue sencillo. «Siempre me he exigido mucho, pero con el tiempo entendí la importancia de equilibrar el estudio con la salud y el bienestar», confiesa. Su aprendizaje clave ha sido la gestión del tiempo y el autocuidado.
Design of an Electromagnetically Modulated Resistance Mechanism for Passive Force Feedback Devices
En cuanto a la educación boliviana, Suárez afirma con convicción que los bolivianos son altamente capacitados para competir a nivel internacional. «He trabajado con personas de más de 35 países y puedo decir que nuestro nivel de educación es realmente alto, incluso en comparación con potencias como Japón», asegura.
Además, afirmó que uno de sus principales sueños a futuro es volver a Bolivia y crear un ambiente en donde más jóvenes con talento puedan aprender sobre robótica y como utilizarlo en herramientas de medicina y tecnología.
Su mensaje para los jóvenes del país es claro: «Se puede. No hay que rendirse ante los rechazos, porque cada intento fallido es una oportunidad de aprendizaje. Con perseverancia y esfuerzo, podemos alcanzar cualquier meta, en cualquier parte del mundo».
Por: Economy






