La fotógrafa boliviana Marisol Méndez logró un hecho trascendental en su carrera al ser distinguida con el prestigioso Saltzman-Leibovitz Photography Prize 2026. Esta edición especial celebró el rol de las mujeres delante y detrás de la cámara, reconociendo la singularidad de su obra y otorgándole un estímulo económico para dar continuidad a su producción artística.
El reconocimiento mundial, respaldado por la fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz y la Saltzman Foundation, impulsa la visibilidad de las narrativas visuales que nacen desde Bolivia en el circuito artístico europeo. Además del aliciente financiero, Méndez exhibirá su obra en Photo London, una de las ferias de fotografía más importantes del mundo, junto a creadoras internacionales como Miranda Barnes, Cole Ndelu, Bettina Pittaluga y Lindeka Qampi.
“Un premio así representa un impulso y un aliento para mi carrera. Un impulso desde lo concreto, porque el beneficio económico me da estabilidad para seguir creando. Y un aliento porque viene de un contexto y de personas que admiro muchísimo. Me siento orgullosa de que mi trabajo haya sido distinguido en un espacio tan prestigioso, especialmente en una edición dedicada a celebrar a las mujeres delante y detrás de la cámara”, asegura Méndez.
Consultada sobre el impacto de este logro para el entorno local, la artista señala: “No sé si puedo hablar de lo que esto implica para la fotografía boliviana en general, pero sí espero que sirva para seguir visibilizando el poder y la singularidad de las narrativas que nacen desde Bolivia. Tenemos artistas increíbles, miradas potentes y una relación rica con la imagen, el territorio y la memoria”.
Londres es un escenario familiar para la fotógrafa, quien vivió allí más de dos años antes de iniciar su aclamado proyecto MADRE, cuyo fotolibro fue publicado por la editorial Setanta Books en 2023. A pesar de haber sentido temor inicial de que el público europeo no conectara con la iconografía o mitología boliviana, la recepción fue mundial.
“Siempre es surreal ver mi trabajo habitar paisajes nuevos y resonar con culturas tan distintas a la nuestra. Siento que Londres ha acogido a MADRE desde el inicio, casi como si lo hubiera mecido en sus brazos. Creo que hay algo muy poderoso en nuestra cultura que no necesita explicarse del todo. Basta con sentirlo”, afirma.
La reconexión con las madres de su historia
MADRE nació de múltiples frustraciones, de la falta de representaciones complejas de las mujeres en Bolivia, de su impotencia frente al machismo. Pero a través de este trabajo celebró la diversidad y la complejidad de la cultura.
“Al mismo tiempo, el proyecto se convirtió en una experiencia profundamente catártica que me permitió reconectarme con mi linaje femenino e imaginar otras formas de narrar la historia de Bolivia. Las mujeres que forman parte de MADRE fueron fundamentales en ese proceso. En sus preocupaciones, sus recuerdos y sus deseos también encontraba partes de mí misma. Mi madre participó activamente en todas las etapas del proyecto y eso transformó el trabajo en una experiencia colectiva de cuidado, solidaridad y acompañamiento” afirma.
Méndez señala que su propuesta se aleja de la antropología, el periodismo o la sociología para adentrarse en el terreno de la ficción. «Mi fotografía se erige desde la ficción. Elijo narrar desde el mito, no desde la historia. Cuento cuentos para desestabilizar los que nos han impuesto. Deconstruyo y reconstruyo», explica.
Esa visión se refleja en “Bull”, imagen en particular que se inspira en la danza del Waka Tokori y transforma al toro en un símbolo que encarna la masculinidad, la sátira y la violencia, pero también “como el territorio donde convergen la conquista y la celebración. La quietud de la fotografía me permitía convertir al personaje en símbolo, casi en aparición”.
Asegura que su mirada de mujer le lleva a construir vínculos reales con las personas que están al otro lado de la cámara y desarrollar una verdadera conexión.
“La idea es generar horizontalidades, espacios de diálogo donde la creatividad es colectiva, no dictada. Para mí una fotografía nunca se trata solamente de mirar al otro, sino también de dejarte afectar por su presencia”, señala.
Sobre el aire mágico que muestran sus fotografías como pinturas, la fotógrafa simplemente considera que, “mi paleta es el sol. Toda mi obra, incluso las imágenes que parecen hechas en estudio, están iluminadas por mi gran aliado: Inti”.
El Saltzman-Leibovitz Photography Prize es altamente importante porque impulsa a la nueva generación de fotógrafas emergentes a nivel global en un momento crucial de sus carreras creativas.






