Por: Jorge Landívar Roca
Se nos dice con frecuencia que el vicepresidente solo es eso: segundo. Sin embargo, la experiencia boliviana demuestra que es mucho más que un acompañante. El vice preside la Asamblea Legislativa Plurinacional, coordina con autonomías indígenas y se sienta en el Consejo de Ministros. El cargo fue diseñado por García Linera en la CPE. para tener peso real. Por eso la lealtad no es un detalle menor. Es condición de gobernabilidad.
La historia lo confirma. Jaime Paz Zamora fue fundador de la UDP y vicepresidente de Hernán Siles Zuazo entre 1982 y 1985. La alianza se rompió en 1985 cuando el gobierno de la UDP colapsó por la crisis económica y Jaime Paz decidió abandonar el gobierno de la UDP y más tarde competir con proyecto propio. Cuando Jaime Paz llegó a la presidencia en 1989, su vice fue Luis Ossio Sanjinés, del PDC y ex candidato a Vice de Hugo Banzer. Llegó a esta cargo en las negociaciones que dieron lugar al «Acuerdo Patriótico» con ADN. Pese a no ser mirista, Ossio Sanjinés fue leal a Jaime Paz y respetuoso de su jerarquía. No buscó su silla.
Hugo Banzer sufrió el mismo riesgo en 1997. Su vice, Jorge Tuto Quiroga, tejió desde la vicepresidencia movimientos para desplazarlo. Esa conspiración fue detectada y desactivada a tiempo por actores del propio gobierno. Banzer terminó renunciando en 2001 por enfermedad, no por golpe, y Tuto asumió por sucesión constitucional.
Gonzalo Sánchez de Lozada gobernó con Víctor Hugo Cárdenas en 1993 sin sobresaltos. En 2002, con Carlos Mesa de vice, la relación se fracturó tras la Guerra del Gas de febrero de 2003. Mesa asumió la presidencia en octubre por sucesión constitucional tras la renuncia de Goni con 67 muertos. Antes también había estado en movimientos desestabilizadores contra el presidente.
El caso de Evo Morales es distinto. Evo no tenía partido en 1997, solo sindicatos. Tras romper con la ASP de Alejo Véliz, la Corte Electoral le negó la sigla «MAS» . La solución fue comprar la personería jurídica del FSB-Unión de David Añez Pedraza, disidente de la vieja Falange de Unzaga de la Vega. El movimiento que prometía enterrar la «vieja política» nació con la sigla de un partido de derecha nacionalista de los años 40.
Evo aportó al liderazgo y la base social territorial. El proyecto de Estado y contenido político, lo puso Álvaro García Linera. No era un académico importado. Era un marxista-katarista que militó en el indianismo, preso en los 90 por ser del EGTK. Entendía la tesis de Fausto Reinaga y la combinaba con Marx. Por eso fue el ideólogo del Estado Plurinacional y el que diseñó la categoría «indígena originario campesino» para unificar tres bloques en la Constituyente.
García Linera fue leal a Evo y al modelo durante 13 años. Cuando Evo quiso volver en 2019 tras el fraude electoral, García Linera no lo siguió. Su lealtad era al proyecto que él mismo había escrito, no a la persona. Ahí se quebró el modelo.
La aplicación del Socialismo Siglo XXI en Bolivia no resolvió la tensión real entre campo y ciudad. La Constitución unificó «indígena originario campesino» en una sola categoría, pero dejó intacta la asimetría: los sindicatos agrarios del altiplano tienen poder de bloqueo sobre rutas que abastecen a La Paz, El Alto y Oruro, mientras el Estado urbano no tiene mecanismos ágiles de respuesta.
Los cercos de 2024 y 2025 lo demostraron. No es un choque de identidades. Es un conflicto de intereses concretos: precio del diésel, cupos de exportación, control de tierras y presupuesto de autonomías. El campo usa la carretera porque es su único parlamento. La ciudad depende de esa carretera porque es su despensa. La contaminación del Narcotráfico a la política, a abierto un nuevo escenario de conflictos, sobre todo en el trópico cochabambino.
Rodrigo Paz hereda ese tablero. Su vicepresidente ya no es solo un segundo. Es quien debe evitar que la tensión campo-ciudad escale a asfixia. Sin Evo como árbitro, la lealtad que necesita Paz es territorial: que el vice garantice mesa de negociación antes de que Pacajes o Achacachi y los campesinos, decidan cerrar el paso.
Los próximos cinco años serán un reto mayor. El peligro no está solo en la corrupción o el narcotráfico. Está en gobernar un Estado diseñado para un caudillo, sin caudillo. La lección de los últimos 40 años es clara: el riesgo no está en el origen partidario del vice. Ossio era del PDC y fue leal. El riesgo está en el vice con proyecto propio. Jaime Paz lo tuvo con Siles después de 1985. Tuto Quiroga lo tejió con Banzer desde 1997. García Linera lo tuvo con Evo.
¿A quién le endulzan el oído ahora? Rodrigo Paz debe elegir bien. Lo vi en 1997: un vicepresidente puede conspirar desde la casa de gobierno. Lo desactivamos entonces. Pero el riesgo sigue. Porque si el segundo falla, no cae solo el presidente. Cae el modelo.
* La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición de Noticias a Sol y Sombra.






