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miércoles, mayo 27, 2026
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CAMEBOL La Paz: Empresarias, gerentes y profesionales bolivianas revelan el peso invisible del cuidado

A las nueve de la noche, cuando muchas oficinas ya apagaron las luces y las reuniones terminaron, otra jornada comienza para cientos de mujeres bolivianas. Revisar tareas escolares, preparar comida, cuidar a padres mayores, organizar la casa o resolver pendientes domésticos forman parte de un trabajo que no aparece en planillas salariales, no genera aportes para la seguridad social, pero sostiene la vida cotidiana y también la economía.

Un estudio realizado por la Cámara de Mujeres Empresarias de Bolivia (CAMEBOL) entre sus afiliadas revela que la llamada “economía del cuidado” atraviesa incluso a mujeres con altos niveles de formación académica y participación económica activa. La investigación, elaborada junto a Ipsos CIESMORI, desmonta la idea de que la independencia económica libera automáticamente a las mujeres de la sobrecarga doméstica.

Las encuestadas son empresarias, emprendedoras, profesionales independientes y ejecutivas. El 54% tiene estudios de maestría y un 5% doctorado. Muchas lideran empresas, toman decisiones estratégicas y administran equipos. Pero cuando termina el trabajo remunerado, la mayoría continúa trabajando.

En promedio, las participantes dedican 10,5 horas diarias a la suma de trabajo productivo y tareas de cuidado. Algunas superan incluso las 55 horas semanales, que la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo consideran el límite riesgoso para la salud cardiovascular. La doble jornada no distingue cargos ni títulos.

Sin tiempo libre

El estudio encontró que el 67% de las mujeres tiene al menos un grupo de personas bajo su cuidado: hijos pequeños, adolescentes, adultos mayores o familiares con enfermedades o discapacidad. Y mientras más personas dependen de ellas, menos tiempo libre tienen.

La mayoría de las encuestadas asegura que las tareas domésticas se realizan sobre todo durante la noche, después de la jornada laboral formal. El tiempo personal aparece reducido al mínimo: el 45% admite tener “muy poco” tiempo libre y un grupo incluso reconoce no tener ninguno.

Hay un dato especialmente revelador: un tercio de las mujeres asume sola las responsabilidades del hogar y del cuidado. Aunque muchas viven en pareja, la distribución de tareas sigue siendo desigual. Entre quienes consideran que la carga no es equitativa, el 84% quisiera redistribuirla.

La conclusión del estudio es contundente: la desigualdad ya no está únicamente en el acceso al empleo, sino en la organización del tiempo.

El subsidio invisible

El informe plantea una idea incómoda: la economía funciona porque millones de horas de trabajo doméstico y de cuidado son absorbidas gratuitamente por las mujeres.

Cuidar hijos, atender adultos mayores o sostener emocionalmente a la familia no aparece en el Producto Interno Bruto, pero permite que el resto del sistema siga funcionando. El cuidado, en la práctica, actúa como un subsidio invisible.

Incluso entre mujeres económicamente activas y con capacidad de contratar apoyo, la solución sigue descansando principalmente en el hogar y la familia. El 51% recurre a familiares para resolver el cuidado de dependientes, mientras que sólo una parte puede acceder a apoyo remunerado permanente.“La familia cuida a la familia”, resume el estudio. Pero detrás de esa frase también se esconde otra realidad: las mujeres cuidan más.

La carga mental

La investigación no sólo muestra horas acumuladas. También deja entrever algo más difícil de medir: la carga mental. Son las mujeres quienes recuerdan citas médicas, coordinan horarios escolares, planifican comidas, organizan actividades y anticipan problemas domésticos, incluso mientras cumplen responsabilidades laborales de alta exigencia.

Del total de las mujeres encuestadas, 45% piden apoyo para atender los adultos mayores; el 35% para niños y adolescentes, en centros educativos y guarderías y el  20% dice que le vendría bien un apoyo económico o subsidio para cuidar a estos familiares dependientes.

La economista y autora del estudio, Alejandra Candia, sostiene que el cuidado no puede seguir siendo visto como un asunto privado o exclusivamente doméstico.

“La economía del cuidado no es un tema doméstico: es un tema económico importante, de bienestar y de participación. Redistribuir el cuidado es redistribuir oportunidades”, señala. La frase resume uno de los principales hallazgos del estudio: las mujeres no están eligiendo entre trabajar o cuidar. Están haciendo ambas cosas al mismo tiempo.

Éxito ≠ equidad

El estudio abre una discusión más profunda sobre la manera en que se construye el éxito profesional femenino en Bolivia. Muchas de las mujeres encuestadas lograron acceder a espacios de liderazgo históricamente masculinos, pero sin que desaparezcan las responsabilidades tradicionales asignadas al género. La consecuencia es una acumulación constante de tareas, cansancio y falta de tiempo personal.

No se trata únicamente de conciliación laboral. Se trata de bienestar, salud mental y oportunidades. Porque mientras una parte importante del tiempo femenino sigue destinada al cuidado no remunerado, las posibilidades de descanso, formación adicional, participación política o crecimiento profesional continúan siendo menores.

Y aunque la economía del cuidado permanece invisible en muchas estadísticas oficiales, sus efectos aparecen todos los días: en mujeres agotadas, jornadas interminables y hogares sostenidos gracias al trabajo que nadie paga, pero del que todos dependen.