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jueves, abril 16, 2026
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Fernando Marengo: “Sin estabilización fiscal en Bolivia, el ajuste lo terminará imponiendo el mercado”

“Bolivia enfrenta uno de los desafíos macroeconómicos más serios de las últimas décadas”, así inició su ponencia “Riesgos globales y desafíos regionales: Bolivia frente al espejo de la crisis de la región”, Fernando Marengo, economista jefe de BlackToro y consultor regional con más de tres décadas de trayectoria, en el evento Momentum: Líderes inspirando líderes, organizado por ActualiSAP en Santa Cruz.

Ante una audiencia integrada por altos ejecutivos, gerentes financieros y referentes empresariales del país, Marengo presentó datos que revelan un panorama crítico: el modelo fiscal boliviano, el régimen cambiario y la inflación que “ya está cumpliendo un rol de ajuste regresivo sobre los ingresos reales de la población”.

Marengo sugiere que el país debe implementar un programa de estabilización creíble, que implique un ajuste fiscal gradual pero firme, junto con reformas que devuelvan sostenibilidad al sistema cambiario. De lo contrario, el mercado impondrá un ajuste más caótico, con consecuencias sociales y económicas mucho más severas.

“El sector privado debe prepararse para escenarios de cambio. La decisión de invertir dependerá de si el país puede generar un entorno de estabilización o si continúa por la senda de los desequilibrios”, acotó Marengo.

Caída de ingresos y gasto rígido

Un aspecto destacable de la ponencia de Marengo fue la vulnerabilidad fiscal de Bolivia. Según sus estimaciones, entre 2016 y 2025, los ingresos del sector público no financiero cayeron del 43% al 36% del PIB, una pérdida de siete puntos porcentuales. Esta disminución se explica principalmente por la caída en los ingresos provenientes de los hidrocarburos: en 2016 representaban el 13,8% del PIB (1,5% por impuestos y 12,3% por ventas), pero en 2025 apenas alcanzan el 10,9%.

A pesar de esta merma en los ingresos, el gasto público no ha sido ajustado en la misma proporción. Solo se redujo del 49% al 46% del PIB en el mismo periodo, pero con una transformación preocupante en su composición: la inversión pública cayó del 17% al 6% del PIB, mientras que los subsidios, especialmente a los combustibles, se incrementaron. Como resultado, Bolivia acumula déficits fiscales persistentes, con un pico del 12% del PIB en 2024.

“En la actualidad, Bolivia está financiando su déficit con emisión monetaria del Banco Central y con el endeudamiento del fondo de pensiones. Ambas estrategias son insostenibles en el tiempo y están erosionando las reservas internacionales”, advirtió Marengo.

Una brecha cambiaria insostenible

El economista explicó que el uso sistemático de emisión monetaria y la falta de financiamiento externo confiable han precipitado una caída drástica de las Reservas Internacionales Netas (RIN). Esto, a su vez, ha generado una brecha significativa entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio paralelo, que según Marengo llegó a tener una diferencia del 160% y actualmente se mantiene en torno al 120%.

Este desequilibrio provoca distorsiones: los exportadores retrasan la liquidación de divisas esperando una devaluación, mientras que los importadores adelantan sus operaciones para beneficiarse del tipo oficial. “Se genera una economía financiarizada, donde las rentabilidades ya no provienen de la productividad sino de maniobras financieras, como especular con la brecha cambiaria”, explicó.

En ese contexto, la inflación anualizada alcanzó el 25%, según datos presentados por el economista, impactando principalmente en alimentos y afectando de manera más radical a los hogares de menores ingresos. “El ajuste ya está ocurriendo, solo que de manera regresiva: lo están pagando los asalariados y los ahorristas”, sentenció.

Un escenario de desaceleración

La actividad económica muestra signos de debilitamiento: tras crecer un 3,6% en 2021 y un 3,1% en 2022, Bolivia apenas alcanzó un crecimiento del 0,7% en 2024, reflejo de la pérdida de dinamismo productivo y del impacto de las distorsiones internas. Al mismo tiempo, el riesgo país trepó a 1.500 puntos básicos, el doble del promedio regional, lo que encarece el financiamiento y ahuyenta la inversión privada.

Comparando con otros países de la región, Marengo resaltó que mientras Bolivia y Brasil presentan déficits fiscales y externos significativos, países como Ecuador y Perú mantienen superávit en sus cuentas externas. Argentina, a pesar de sus complejidades, logró revertir un déficit fiscal del 5,5% del PIB en 2023 a un superávit en 2024, mediante un ajuste drástico. La clave, según el economista, fue el corte en la emisión monetaria y la recomposición de reservas vía credibilidad fiscal.