La mayoría de los emprendimientos liderados por mujeres en Bolivia opera en condiciones de informalidad, baja productividad y sin acceso al sistema financiero formal, según revela la investigación AlliCullqi: Derechos Económicos de las Mujeres Diversas en Bolivia, basada en una encuesta nacional aplicada a 317 mujeres en todo el país. El estudio advierte que la informalidad constituye la principal forma de inserción económica femenina.
De acuerdo con los resultados de la encuesta, más del 70% de las mujeres trabaja en el sector informal y una proporción significativa desarrolla actividades económicas por cuenta propia vinculadas al comercio minorista, la manufactura artesanal, la agricultura familiar y los servicios personales. “Los emprendimientos impulsados por mujeres se concentran mayoritariamente en sectores de baja productividad”, señala la investigación, impulsada por la Coordinadora de la Mujer.
El acceso al financiamiento aparece como una de las principales barreras para el crecimiento de estos emprendimientos. Según el estudio, “ocho de cada diez mujeres emprendedoras no acceden a crédito bancario formal”, debido a la falta de garantías reales, la informalidad de sus actividades, la ausencia de historial crediticio y prácticas discriminatorias del sistema financiero.
Ante estas restricciones, muchas mujeres recurren a préstamos informales. La investigación advierte que estos créditos suelen tener tasas de interés elevadas, lo que reduce los márgenes de ganancia y limita la sostenibilidad de los negocios. “La falta de financiamiento adecuado perpetúa un ciclo de emprendimientos de subsistencia, sin posibilidades reales de expansión”, señala Alli Cullqi.
La precariedad de los emprendimientos también se refleja en la ausencia de protección social. La encuesta revela que apenas tres de cada diez mujeres cuentan con seguro de salud o aportes jubilatorios, mientras que en el sector informal “la protección social es prácticamente inexistente”.
Esta situación incrementa la vulnerabilidad económica de las mujeres emprendedoras frente a enfermedades o crisis.
El estudio identifica además una fuerte relación entre emprendimiento y carga de cuidados. Las mujeres dedican en promedio 39 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, casi el triple que los hombres. “Muchas mujeres optan por emprendimientos de baja rentabilidad porque les permiten compatibilizar ingresos con responsabilidades de cuidado”, señala la investigación.
Las brechas se profundizan en contextos rurales. Según los datos recogidos, el 42% de las mujeres rurales depende de actividades productivas de baja rentabilidad, con acceso limitado a infraestructura, capacitación técnica y mercados. Estas condiciones restringen la formalización y el crecimiento de los emprendimientos fuera de los centros urbanos.
En el caso de mujeres de las diversidades sexuales y de género, la investigación advierte que enfrentan mayores obstáculos para desarrollar iniciativas económicas. Datos complementarios citados en el estudio indican que el 35% percibe ingresos mensuales inferiores a 1.000 bolivianos, concentrándose en actividades altamente precarizadas y con escaso acceso a financiamiento.
El estudio concluye que, pese a los avances normativos en igualdad de género, los emprendimientos liderados por mujeres continúan enfrentando barreras estructurales. “La informalidad, el acceso desigual al crédito y la sobrecarga de cuidados limitan el ejercicio pleno de los derechos económicos y la autonomía económica de las mujeres en Bolivia”, señala AlliCullqi.






