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miércoles, julio 15, 2026
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¿Qué puede revelar un agachadito sobre la identidad paceña? Un estudio sociológico de la UMSA tiene la respuesta

Para un paceño, sentarse en un pequeño banco, sostener el plato entre las manos y disfrutar una comida en un agachadito es parte de la vida cotidiana. Lo que pocos imaginan es que esa tradición también cuenta la historia de La Paz. Una investigación sociológica de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) revela por qué los agachaditos son mucho más que puestos de comida.

Así lo describe el estudio “La ruta del agachado: trabajo, género y alimentación en la calle”, desarrollado por el investigador Mircko Vera, del Instituto de Investigaciones Sociológicas (IDIS) de la Carrera de Sociología, el cual además afirma que esta práctica constituye una expresión propia de la identidad paceña.

Lejos de ser una forma más de comida callejera, el agachadito posee características que lo distinguen, pues ofrece platos elaborados y completos, preparados diariamente, servidos en espacios sin infraestructura fija, donde los comensales comen con el plato sobre las piernas, dando origen a una imagen que forma parte de la memoria cotidiana de la ciudad.

“Todo el mundo conoce el agachadito, lo identifica, pero no siempre lo puede definir”, explica Vera. Esa fue precisamente una de las motivaciones de la investigación, que durante meses recorrió distintos puntos de La Paz para comprender una tradición generalmente invisibilizada pese a estar presente en las calles todos los días.

El trabajo permitió demostrar que los agachaditos no pueden analizarse de la misma manera que otras formas de comida callejera, porque responden a dinámicas sociales, económicas y culturales propias de la ciudad. Aunque la venta de comida en la calle es una tradición presente en varios países de Latinoamérica, el investigador explica que los agachaditos paceños tienen una identidad propia.

Guardianas del agachadito

La investigación pone rostro a quienes sostienen esta tradición. Detrás de las ollas envueltas en aguayos están, principalmente, mujeres que encontraron en este oficio una forma de construir su proyecto de vida. El estudio desmonta varios prejuicios sobre este sector y muestra que cada agachadito refleja trayectorias familiares, laborales y sociales distintas, revelando una realidad mucho más diversa y compleja de lo que suele imaginarse.

En el mes aniversario de La Paz, el investigador sostiene que la comida también habla de quiénes somos. Así como otros países se reconocen por sus tradiciones culinarias, los agachaditos representan una expresión propia de la ciudad, marcada por platos elaborados que forman parte de la cocina paceña.

“Paceño que no ha caído en un agachadito, especialmente después de festejar cualquier cosa, no es paceño”, afirma Vera, convencido de que estas pequeñas escenas cotidianas también construyen identidad.

Y quizá ese sea el mayor aporte de esta investigación de la UMSA, recordar que la ciencia también puede explicar aquello que parece más cotidiano.