Patricia Flores Palacios Comunicadora, Magíster en Ciencias Sociales y Feminista Queer
Representantes de la Comunidad Boliviana de Sobrevivientes (CBS) presentaron Las puertas del infierno, libro que reúne testimonios de víctimas de abuso sexual en instituciones educativas católicas y refuerza la demanda de justicia para la niñez y la adolescencia, además de promover acciones concretas para evitar la impunidad.
El libro escrito por Edwin Alvarado Terrazas, Wilder Flores Jaldín y Pedro Lima Salazar, documenta denuncias de abuso sexual a menores y el encubrimiento por parte de la Compañía de Jesús en Bolivia, principalmente entre las décadas de 1970 y 2000.
Las acusaciones señalan colegios, misiones y centros de internado en La Paz, Cochabamba y zonas rurales, donde se habrían tejido redes de explotación que afectaron sobre todo a niñas, niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad económica.
El tema me recuerda a mi abuelo, periodista en los años 50, que en su experiencia fue testigo del hallazgo de un pasadizo, adoquinado en algunos tramos con fetos, que conectaba la iglesia de San Francisco con un centro de enseñanza religiosa en la calle Ingavi de La Paz.
Aquel descubrimiento lo marcó de por vida y lo llevó a rechazar a las instituciones eclesiásticas: desde entonces despreció profundamente a las entidades religiosas por la ignominia y la hipocresía institucionalizada que arrastran desde hace siglos.
Su rostro se desfiguraba al cruzarse con un sacerdote o una religiosa, como si cada encuentro le recordara el pasadizo y la traición que creyó ver en quienes debían proteger la vida humana.
Incluyo este recuerdo porque permite inferir el alcance de una hipocresía institucional que, a lo largo de los siglos, causó un crimen de lesa humanidad: no solo hubo víctimas directas, sino rupturas sociales y memorias familiares que dan cuenta de la violencia simbólica y moral ejercida por la Iglesia.
Los portadores de la moral no solo cometieron abuso sexual; impusieron a la sociedad una violencia inmoral invisible: amparados en la fe, instrumentaron mandatos judeocristianos en beneficio de viles intereses.
La pederastia en la Iglesia católica es un problema sistémico y global, sostenido por mecanismos de encubrimiento institucional. Casos emblemáticos han obligado a la santa sede y a diversas jurisdicciones a revisar protocolos y han revelado redes de abusos masivos en muchos países.
¿Cómo es posible que quienes defienden la divinidad desde los púlpitos contravengan los votos a los que se consagraron? Herejes y pederastas quebrantan mandamientos fundamentales:
“No matarás”, al convertir la niñez en víctima en conventos y centros de acogida. “No cometerás actos impuros”, al violar y profanar los cuerpos de niños y adolescentes. Permitieron, por conciencia o conveniencia, que sobre la herejía y la degeneración se tejiera una institucionalidad de encubrimiento a lo largo del mundo.
El estudio de la Comunidad Boliviana de Sobrevivientes revela que los abusos cometidos por sacerdotes jesuitas se concentraron en colegios y misiones de La Paz, Cochabamba y zonas rurales del sur del país, lo que robó la dignidad, la tranquilidad y la felicidad a niños y adolescentes vulnerables.
Los testimonios describen un patrón cruel e inhumano: abuso de confianza de las autoridades espirituales que tenían acceso directo a estudiantes en internados con amenazas, minimización de los hechos y ausencia de acompañamiento institucional.
Durante décadas, las denuncias no fueron derivadas a la justicia; los agresores fueron encubiertos e incluso premiados, trasladados impunemente de comunidad o de país sin procesos canónicos ni penales.
En las últimas décadas se ha develado un patrón global de abusos y encubrimiento institucional en la Iglesia católica. Casos emblemáticos incluyen Estados Unidos (un sacerdote con más de 130 víctimas y protección a centenares de clérigos), Canadá (miles de víctimas en internados para niños indígenas), México y el escándalo de los Legionarios de Cristo, Chile (el caso Karadima y la renuncia masiva de obispos), y Australia y Francia (informes oficiales que documentaron miles de agresores y víctimas).
En Bolivia, en 2023, se conocieron decenas de denuncias de menores abusados y se iniciaron procesos judiciales contra clérigos; ese mismo año, el jesuita Alfonso Pedrajas reconoció en sus memorias la pederastia y el daño infligido a numerosas víctimas.
La curia priorizó el encubrimiento sobre el daño a las víctimas; en muchos casos ¡¡les arrebataron parte de sus vidas!! Desatendieron las secuelas físicas y psíquicas duraderas que sufren los sobrevivientes.
No se puede considerar consentimiento en un niño o adolescente, la relación desigual de poder, el engaño y el abuso invalidan cualquier supuesto consentimiento.
Por eso es indispensable aprobar la Ley Brisa. Esta reforma al Código Penal desmonta la impunidad en delitos sexuales contra niñas, niños y adolescentes. Reconoce como violación la manipulación, las amenazas y las relaciones de poder asimétricas aunque no haya signos de violencia física.
Elimina el delito de estupro, extiende la protección hasta los 18 años, tipifica la violación incestuosa, declara las violaciones imprescriptibles y agrava las penas por encubrimiento cuando el agresor es funcionario público o líder religioso.
Facilitará investigar casos antiguos, sancionar a quienes protegieron o trasladaron agresores y alinear la respuesta estatal con estándares internacionales, fortaleciendo el acceso a la justicia y la reparación para las sobrevivientes.
Que el trabajo de la Comunidad Boliviana de Sobrevivientes abra, por fin, las puertas del infierno para quienes cometieron estos delitos. Que haya justicia real, que caigan las máscaras del encubrimiento y que la impunidad termine para curas, padres, tíos, pastores, padrastros, hermanos o docentes.
Que cada agresor pague ante la ley y sea expuesto ante la memoria colectiva por las violaciones a la infancia, el robo de dignidad y el daño irreparable causado.
Ninguna niña, niño o adolescente debe ser violentado, ni en sus hogares ni en centros educativos. Tampoco en la Iglesia donde depositan… su fe.
* La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición de Noticias a Sol y Sombra.






