Viajar en el tiempo es posible. Frente a la pantalla grande, una Bolivia de hace más de un siglo recupera sus rostros, sus movimientos y sus paisajes en imágenes restauradas que permiten mirar el pasado con una nueva calidad visual, sin modificar la esencia de las películas que lo registraron.
Ese viaje ocurre gracias al trabajo de conservación y restauración que desarrolla la Cinemateca Boliviana, una institución que el 12 de julio cumplió 50 años de preservar registros audiovisuales que documentan distintas etapas de la historia nacional.
En entrevista con ABI, la directora ejecutiva de la Fundación Cinemateca Boliviana, Mela Márquez, explicó que el archivo reúne materiales filmados desde 1906 hasta la actualidad, con más de 9.000 rollos originales de cine boliviano entre negativos, positivos y copias de exhibición.
Entre esos registros se encuentran imágenes de la salida de la una misa de la iglesia de La Merced en La Paz, filmadas en 1906; materiales del Centenario de Bolivia de 1925; documentos de la Guerra del Chaco de 1930 y obras fundamentales del cine nacional que permiten observar distintas etapas del país.
Los relatos de Bolivia guardados en celuloide
Uno de los materiales más singulares del archivo es “El bolillo fatal”, documental dirigido por Luis Castillo en 1927 que conserva el registro de un episodio que marcó la historia política boliviana.
La película muestra el proceso que terminó con el fusilamiento de José Jáuregui, acusado junto con sus dos hermanos y su madre de asesinar en 1917 al expresidente José Manuel Pando.
Fragmento del documental «El bolillo fatal», que fue proyectado por la Cinemateca.
“Es una pieza muy completa, es todo el proceso que tiene el joven Jáuregui de apenas 16 años y que termina con una ejecución injusta porque luego se descubre que era inocente y que Pando murió de un ataque cardiaco”, explicó.
El material fue filmado en nitrato y permaneció perdido 85 años hasta que fue encontrado en el antiguo excine de La Paz en 2012. La institución recuperó el registro con apoyo de la Filmoteca de México y realizó el proceso necesario para devolverlo al patrimonio audiovisual del país.
Para Márquez, esta pieza tiene un valor especial porque reúne distintos elementos de la historia nacional.
El archivo también conserva “Wara Wara” (1930), de José María Velasco Maidana, una de las obras más importantes del cine silente boliviano. La restauración responde a un principio fundamental: no modificar aquello que sus creadores registraron.
Por eso, la Cinemateca no aplica procesos como la colorización artificial en filmes que fueron realizados en blanco y negro. El objetivo es conservar la imagen original, con sus tonalidades, contrastes y características propias de la época.
Entre los documentos históricos también están registros de la Guerra del Chaco y la primera película sonora boliviana sobre ese conflicto, realizada por Luis Basoberry. A través de esos materiales es posible acercarse a acontecimientos que marcaron la vida nacional desde la mirada del cine.
Otro proyecto pendiente es “Hacia la Gloria”, una producción de los años 30 de la que la institución conserva fragmentos separados que deben ser reconstruidos para recuperar la película.
El archivo continúa creciendo con nuevas donaciones. Entre los materiales incorporados están los noticieros del PAT de las décadas de 1980 y 1990 entregados por Carlos Mesa, además de registros de cineastas y productoras nacionales.
“Muchas historias de Bolivia estarían perdidas sin la Cinemateca”, afirma Márquez.
La tarea silenciosa detrás de cada imagen
Cada filme que vuelve a una sala atraviesa un proceso que puede tomar años. Antes de la digitalización, los especialistas revisan el estado del material, realizan reparaciones y preparan los rollos para su conservación.
La magnitud del archivo contrasta con el reducido equipo encargado de protegerlo. La Cinemateca no supera las 15 personas y solo dos trabajadores están dedicados al área de archivo, donde miles de rollos requieren cuidados especiales.
Hasta 2010, una parte importante de los materiales no estaba organizada ni catalogada. La institución inició entonces un proceso de clasificación que tomó cinco años y permitió ordenar una colección que había crecido durante décadas.
Desde 2021, la entidad cuenta con un escáner digital especializado obtenido mediante un proyecto con apoyo alemán. Esta tecnología permite trabajar con materiales originales y generar archivos digitales en alta resolución para su conservación y exhibición.
Gracias a este proceso nació el programa “Archivo de la Cinemateca”, un espacio donde el público puede acercarse a registros recuperados que permanecieron fuera de circulación durante años.
Memoria construida con paciencia
Antes de las grandes bóvedas y de la tecnología de restauración, la memoria de la Cinemateca comenzó con pequeñas piezas reunidas durante años.
Elizabeth Carrasco, quien fue responsable del Centro de Documentación de la Cinemateca Boliviana, llegó a la institución después de participar en talleres de fotografía y guion. Su acercamiento al cine comenzó casi por casualidad, pero terminó convirtiéndose en décadas dedicadas a organizar documentos y conservar parte de la historia audiovisual del país.
Cuando empezó su trabajo, el Centro de Documentación estaba en formación. Los materiales llegaban poco a poco: libros, recortes de prensa, fotografías, guiones y documentos relacionados con películas.
La Cinemateca nació en 1976 con el apoyo de la Alcaldía de La Paz durante la gestión del alcalde Mario Mercado, quien otorgó una oficina en la Casa de la Cultura para iniciar el proyecto. Desde allí, Pedro Susz y Carlos Mesa impulsaron la recopilación de películas y documentos que con el tiempo formaron uno de los archivos cinematográficos más importantes de Bolivia.
Carrasco recuerda esos primeros años como un trabajo construido paso a paso, donde cada documento encontrado aportaba a una memoria que todavía estaba dispersa.
La colección no solo conserva películas. También guarda afiches, fotografías, guiones, cámaras y objetos vinculados a producciones nacionales. Entre ellos están el ataúd utilizado en “Jonás y la ballena rosada”, la máscara del Tata Danzanti de “La nación clandestina” y otros elementos que conservan la huella de distintas obras.
“La Cinemateca va creando una memoria de lo que se proyectó en Bolivia”, explica Carrasco.
Esa memoria también se construyó con el público. Las salas de la institución fueron escenario de largas filas, funciones llenas y encuentros entre generaciones que encontraron en el cine un espacio para descubrir historias.
Carrasco recuerda incluso un momento difícil, cuando una proyección fue interrumpida por un incendio provocado por una bomba molotov. Pese al hecho, el público permaneció en la sala y la función pudo continuar.
Una ventana abierta hacia el futuro
Como parte del aniversario, la institución impulsa el ciclo “50 películas, 50 años”, una programación que recupera obras de distintas épocas del cine boliviano.
Mientras nuevas películas llegan cada semana a las salas, en las bóvedas de la Cinemateca permanecen imágenes que comenzaron a filmarse hace más de un siglo. Su restauración permite que esos fragmentos vuelvan a encontrarse con el presente y que Bolivia pueda reconocerse en su propia historia audiovisual.
Por: ABI






