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Investigadora de la UMSA transforma semillas de tarwi y quinua en compuestos con potencial para alimentos del futuro

¿Qué pasaría si semillas andinas que acompañaron la alimentación de generaciones de bolivianos pudieran convertirse en ingredientes para desarrollar alimentos más saludables? Esa es una de las preguntas que motivó la investigación de Gabriela Ibieta Jiménez, científica formada en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) que logró transformar componentes presentes en el tarwi, la cañahua y la quinua real en compuestos con potencial aplicación en la alimentación del futuro.

La investigación doctoral, desarrollada en el marco del Programa UMSA/Asdi y defendida recientemente con éxito en la Universidad de Lund, en Suecia, combinó el estudio de semillas andinas con herramientas de biotecnología para aprovechar mejor sus propiedades nutricionales. “Lo que buscamos fue entender qué componentes tienen estas semillas y cómo podemos transformarlos en sustancias que puedan aportar beneficios adicionales para la alimentación”, explicó Ibieta.

Uno de los principales logros de la investigación fue transformar ciertos carbohidratos complejos presentes en estas semillas en prebióticos (sustancias que sirven de alimento para las bacterias beneficiosas del intestino). Para ello se utilizaron enzimas comerciales y otras producidas en el laboratorio, luego de manera in vitro se estudiaron sus propiedades prebióticas con bacterias ácido lácticas humanas.

El resultado permitió obtener compuestos que podrían contribuir al desarrollo de alimentos con mayor valor nutricional. “Las bacterias beneficiosas que viven en nuestro intestino necesitan alimentarse para cumplir funciones importantes en el organismo. Lo que hicimos fue generar compuestos que puedan servirles de alimento”, detalló la investigadora.

Mucho más que alimentos

Otro de los resultados más llamativos de la investigación fue la obtención de GABA (ácido gamma-aminobutírico), una sustancia que ayuda a regular funciones del sistema nervioso relacionadas con el descanso, el manejo del estrés y el bienestar general. Este compuesto está presente de forma natural en alimentos como el tomate, la papa o los espárragos, pero la investigadora logró producirlo a partir de semillas andinas mediante procesos biotecnológicos.

Para ello utilizó enzimas y fermentación, transformando componentes naturales presentes en el tarwi, la cañahua y la quinua real en dicha sustancia de creciente interés para la investigación alimentaria. Los resultados, publicados en revistas científicas internacionales, muestran cómo cultivos tradicionales bolivianos pueden abrir nuevas oportunidades para el desarrollo de ingredientes innovadores y alimentos de mayor valor nutricional.

La investigación también puso la mirada en el lugar donde nacen estos alimentos. Las semillas estudiadas crecen en algunas de las condiciones más exigentes del planeta: altitudes elevadas, intensa radiación solar, escasez de agua y suelos con pocos nutrientes. En el caso de la quinua real, incluso prosperan en las cercanías del Salar de Uyuni, una de las regiones más áridas y salinas del país.

Para Ibieta, estas condiciones convierten al altiplano boliviano en un enorme potencial científico. “Las variedades que tenemos en Bolivia poseen características que todavía debemos seguir investigando y dando a conocer al mundo”, afirmó.

Además, consideró que el siguiente paso es acercar estos avances a la industria alimentaria para que el conocimiento generado en los laboratorios pueda traducirse en productos concretos para la población. “Bolivia posee una riqueza extraordinaria de semillas y cultivos que pueden aportar a la nutrición, la sostenibilidad y la innovación alimentaria”, señaló.

La investigación demuestra que semillas tradicionales como el tarwi, la cañahua y la quinua no solo forman parte de la identidad alimentaria del país, sino que también pueden convertirse en una fuente de conocimiento e innovación con proyección internacional.