En el marco de la conmemoración de sus 40 años de trayectoria, la Coordinadora de la Mujer realizó el Encuentro Nacional de Reflexión y Diálogo “Democracia, Derechos y Sostenibilidad de la Vida”, un espacio intergeneracional que reunió a representantes de organizaciones sociales, activistas mujeres y hombres, instituciones y academia para reflexionar sobre los avances alcanzados y los desafíos que enfrenta Bolivia en materia de democracia, derechos, participación y economía.
La directora ejecutiva de la Coordinadora de la Mujer, Tania Sánchez Montaño, recordó que la organización nació en 1986, en los primeros años de recuperación de la democracia en Bolivia, cuando mujeres y organizaciones decidieron articularse para transformar las condiciones de vida, ampliar derechos y su participación en las decisiones públicas. “No son simplemente 40 años de una institución, son 40 años de mujeres que decidieron organizarse y decidieron que sus voces podían convertirse en fuerza colectiva”, afirmó.
Durante estas cuatro décadas, las organizaciones que integran esta red contribuyeron a transformaciones en distintos ámbitos, desde el reconocimiento de la violencia contra las mujeres como un problema público hasta la conquista de derechos políticos y la paridad. “Pasamos de hablar de cuotas a conquistar la paridad”, señaló Sánchez, al destacar que estos avances fueron resultado de procesos de organización y movilización. Sin embargo, una de las reflexiones centrales fue que varios de esos avances enfrentan cuestionamientos y riesgos de retroceso, enfatizando que los derechos conquistados requieren una sociedad capaz de defenderlos, hacerlos efectivos y ampliarlos.
En el encuentro también se abordó el escenario internacional y nacional de cuestionamiento a derechos y a las agendas de igualdad. La exministra argentina y exdirectora de UNICEF para América Latina y el Caribe, Marita Perceval, advirtió sobre un contexto marcado por la desilusión democrática y el cuestionamiento a las mujeres, al feminismo y a la ciencia.
“Es la desilusión democrática. Es el cuestionamiento a las mujeres y al feminismo. Es la desconfianza en la ciencia”, sostuvo. Frente a este escenario, planteó la importancia de preservar los avances alcanzados y, al mismo tiempo, reafirmar la esperanza, la dignidad y la vida frente al miedo, el odio y la violencia.
La politóloga y exsenadora Erika Brockmann, fundadora de la Coordinadora de la Mujer, destacó, una de las contradicciones que persisten en Bolivia: mientras el país alcanzó la representación paritaria de las mujeres, continúan formas de violencia que limitan el ejercicio efectivo de sus derechos. “Los derechos tampoco son irreversibles, se defienden en lucha colectiva y abierta”, subrayó.
Otro de los temas abordados fue las restricciones que enfrentan las organizaciones de la sociedad civil en distintos países de la región. La activista y defensora de derechos humanos paraguaya Clyde Soto advirtió sobre procesos de debilitamiento del espacio cívico y de los sistemas de protección de derechos en un escenario en el que también adquieren mayor fuerza narrativas que cuestionan la legitimidad de organizaciones y movimientos sociales. “Esto no pasa solo, no es espontáneo. Esto está planificado, está muy bien financiado. Tiene un alto grado de coordinación”, afirmó.
El Encuentro también incorporó una mirada sobre los desafíos económicos del país. Qué economía necesita Bolivia y cómo evitar que los costos de la crisis profundicen las desigualdades. El investigador y analista Gonzalo Colque señaló que la caída de los ingresos del gas puso en evidencia las vulnerabilidades de una economía dependiente de la renta de los recursos naturales. Durante los años de bonanza, explicó, el ingreso de divisas y un dólar barato facilitaron las importaciones, mientras distintas actividades productivas nacionales fueron perdiendo competitividad. “Tuvimos un boom económico y dejamos de producir para la exportación”, puntualizó.
En ese sentido, las y los participantes coincidieron en que las decisiones económicas no son neutrales, ya que impactan en el empleo, la autonomía económica de las mujeres, la protección social y los cuidados. Enfrentar la crisis supone –destacaron– combinar estabilidad económica con protección de derechos y avanzar hacia una economía que produzca, reduzca desigualdades y contribuya a sostener la vida.
Los tres diálogos dejaron una reflexión común: democracia, derechos, participación y economía están profundamente relacionados. Fortalecer la democracia implica ampliar la participación, garantizar una sociedad civil activa y generar condiciones materiales para el ejercicio efectivo de los derechos.
A 40 años de su creación, la Coordinadora de la Mujer reafirmó una convicción construida colectivamente. Tal como señaló su directora ejecutiva, “los derechos no se regalan; se organizan, se defienden, se exigen y se amplían. El desafío es defender lo conquistado, fortalecer la democracia y seguir construyendo una sociedad con mayor igualdad y sostenibilidad de la vida”.





