El atrio del Monoblock, Alison Casas dudó unos segundos antes de soltar el libro que llevaba entre las manos. Lo hojeó una vez más, sonrió y lo dejó sobre la mesa. A cambio tomó otro. No sabía exactamente qué historia se llevaba, pero sí que empezaba una nueva. Así, con gestos simples y cargados de significado, comenzó a tomar vida el Bibliotrueque en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
En el marco del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, la carrera de Ciencias de la Comunicación Social, en coordinación con el Instituto de Investigación, Posgrado e Interacción Social (Ipicom), impulsó esta iniciativa que convirtió el intercambio de libros en un encuentro entre personas.
La regla era sencilla, “deja uno y llévate otro”, pero lo que ocurrió fue mucho más profundo, pues se trató de historias que cambiaron de manos, lectores que se encontraron sin conocerse y páginas que volvieron a respirar.
Estudiantes, docentes y visitantes se acercaron con libros de distintos géneros, entre novelas que ya habían dejado huella, textos académicos que buscaban nuevos lectores, ensayos, cuentos y hasta ejemplares olvidados en estantes que encontraron una segunda oportunidad.
El Bibliotrueque no solo promovió la lectura, también recordó que el conocimiento crece cuando circula. En tiempos donde todo parece inmediato y digital, la apuesta por el libro físico y el intercambio directo recupera el valor del encuentro, del tiempo pausado y de la curiosidad por lo desconocido.
Al final de la jornada, muchas manos se fueron con un libro distinto al que trajeron. Y quizá, sin saberlo, también se llevaron una historia que alguien más ya había vivido. Porque en la UMSA, este día, leer no fue solo un acto individual, fue una forma de compartir.






