La basura que se acumula en tu barrio. El calor que no da tregua. El agua que se desperdicia. El vidrio que termina en el relleno.
Para la mayoría de la gente, estos son problemas de todos los días. Para un emprendedor o emprendedora, son oportunidades de negocio.
Si alguna vez pensaste “alguien debería hacer algo con esto”, quizá ese alguien seas tú y aún no te animes a llamarlo “negocio”. La buena noticia es que no necesitas tenerlo todo resuelto para empezar.
El primer paso
Ese es el punto de partida, la Pre-Incubadora + Ideas Verdes. Se trata de una iniciativa de Helvetas Bolivia, diseñada y desarrollada por el Instituto de la Mujer y Empresa (IME) de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), como parte del proyecto Innovadores Urbanos.
El programa está pensado para jóvenes de Santa Cruz de la Sierra, Sucre y Tarija que tengan una idea, un emprendimiento en marcha o una pequeña empresa con un objetivo claro: ser rentable, cuidando el ambiente y aportando a su comunidad.
A eso se le llama negocio verde o de triple impacto, porque genera ingresos (impacto económico), mejora la vida de las personas (impacto social) y cuida el planeta (impacto ambiental), las tres cosas a la vez.
¿Por qué vale la pena?
Según el IME, de diez personas que viven en Bolivia, al menos siete están en las ciudades. Además, los jóvenes de 18 a 35 años son casi un tercio del país, y entre el 80 y el 85 por ciento tiene un empleo informal, sin seguro ni estabilidad. Para las mujeres jóvenes, el panorama es todavía más difícil.
Por ello, un negocio verde te permite crear tu propio trabajo y, de paso, mejorar la ciudad donde vives.





